Desarrollo de una formulación antiparasitaria a partir de una sustancia activa nueva

No basta con disponer de una sustancia activa eficaz contra uno o varios parásitos. A partir de ella hay que desarrollar un producto parasiticida terminado capaz de reproducir a gran escala en el campo la eficacia observada a pequeña escala en el laboratorio («in vitro») o sobre animales individuales («in vivo»). Y esto bajo condiciones ambientales extremas y cambiantes, en animales de razas y edades diferentes, etc.

Para ello hay que realizar los estudios de toxicología (enlace) subcrónica y crónica de la sustancia activa así como de su impacto ambiental, optimizar y caracterizar la formulación o formulaciones, aclarar el metabolismo de la misma en cada hospedador, determinar la dosis óptima contra cada parásito en cada hospedador, efectuar los estudios de campo a gran escala con infestaciones naturales y en hospedadores de varias razas, etc., etc. Y además, hay que iniciar el desarrollo de un proceso de producción industrial de la sustancia activa a gran escala, pues ya no se necesitan sólo unos gramos de la misma para estudios de laboratorio, sino decenas de kilos para los estudios de campo.

Ni que decir tiene, que este proceso es sumamente costoso –decenas de millones de dólares–y que, para un laboratorio, decidir iniciar este desarrollo de un nuevo producto antiparasitario a partir de una nueva sustancia activa supone embarcarse en una inversión enorme y con un riesgo no despreciable de fracaso.


ImageDesarrollo de una formulación atiparasitaria a partir de una sustancia activa ya caracterizada o genérica

En otros casos, el desarrollo de un nuevo producto terminado se lleva a cabo a partir de una sustancia activa ya previamente caracterizada, que podría ser genérica. Lo esencialmente importante en el caso de desarrollar un nuevo producto a partir de una sustancia activa genérica es que los estudios toxicológicos de la sustancia activa ya están disponibles, así como el proceso de producción industrial a gran escala, con lo que la inversión y el riesgo correspondiente son sustancialmente menores. De hecho, en la inmensa mayoría de los casos, el fabricante de un antiparasitario a base de un sustancia activa genérica no fabrica él la sustancia activa, sino que la adquiere en el mercado internacional.

Elementos esenciales de un producto antiparasitario terminado

Un producto terminado se compone fundamentalmente de una formulación (que incluye también la sustancia activa), un envase, una etiqueta y el registro o la homologación ante las autoridades de un país que concede el permiso de comercialización.

Estudios que deben realizarse para el registro de un antiparasitario

Además de los estudios (biológicos, químicos y toxicológicos, etc.) ya mencionados que haya habido que hacer para la sustancia activa aislada, el desarrollo de una formulación concreta exige también investigaciones, que si la sustancia activa es nueva, son muy costosas, de larga duración y cubren cuatro aspectos fundamentales:

■  Farmacología: diseño final de la formulación (composición), envase, estabilidad, métodos analíticos, etc.

■  Eficacia clínica: determinación de las indicaciones, dosificación, modo de administración, persistencia, etc. Han de hacerse estudios de eficacia contra cada parásito a combatir incluido en la etiqueta, y en cada hospedador para el que el producto está autorizado.

■  Metabolismo: absorción, distribución, metabolismo y excreción (así llamados estudios ADME) de la sustancia activa en el organismo del hospedador, y esto en cada hospedador para el que el producto está autorizado.

■  Seguridad: toxicología de la formulación, tolerancia en el ganado, impacto medioambiental, etc.

En Europa, EE.UU. y otros países industrializados, los estudios concretos a realizar en estos cuatro campos están estrictamente definidos. Este proceso suele durar al menos cuatro años, y no rara vez más si surgen complicaciones, si a medio camino se ve la necesidad de cambiar algo en el producto, etc.

Si un producto se desarrolla para más de un hospedador (p.ej. para vacunos, ovinos y porcinos), muchas de las investigaciones (p.ej. la eficacia clínica, el ADME, la tolerancia, etc) deben hacerse en cada hospedador.

En los países de Europa, en los EE.UU., Japón, Australia y otros países industriales, las autoridades exigen que todos estos estudios se lleven a cabo según las normas BPL (Buenas prácticas de laboratorio) y BPC (Buenas prácticas clínicas), en inglés GLP y GCP, respectivamente. Exigen además, que todos los experimentos sobre animales se lleven a cabo respetando la legislación de protección y bienestar de los animales. Se trata de estándares éticos y de calidad de los procesos de investigación y desarrollo internacionalmente reconocidos y verificables por las autoridades.

Si se trata de formulaciones de una sustancia activa genérica, de composición diferente a la original, en los países industrializados el laboratorio que las fabrica debe demostrar bioequivalencia con la formulación del fabricante original, es decir, demostrar con estudios adecuados que esta nueva formulación se comporta de modo similar a la formulación original, tanto desde el punto de vista de la eficacia clínica, como de la seguridad (toxicidad, tolerancia, residuos, etc.). En caso contrario debe realizar estudios más detallados de eficacia, metabolismo, toxicología, etc.

Hay numerosos países, sobre de todo en América Latina, África y Asia, que aún no exigen que el desarrollo de un antiparasitario se lleve a cabo según las normas BPL y BPC, y que exigen menos estudios a realizar para el desarrollo de un producto, en el caso de genéricos ni siquiera la bioequivalencia. Esto hace que sea mucho más fácil y menos costoso desarrollar, garrapaticidas, mosquicidas, antihelmínticos, etc. genéricos en estos mercados, lo que explica a su vez que, por lo general, proliferenb los productos similares. Por un lado esto favorece la competencia y tiende a bajar los precios, pero por otro permite que se comercialicen a veces productos de dudosa calidad. No obstante es positivo constatar que algunos países de América Latina ya van también en la dirección de introducir los estándares BPL y BPC.

Al final de este proceso resulta un dossier del producto (hoy en día puede abarcar más de un centenar de clasificadores) que se entrega a las autoridades para solicitar la homologación o registro del producto y el permiso de comercializarlo. El proceso de homologación o registro (enlace) puede a suvez durar entre 6 meses y varios años, según la complejidad y la calidad del dossier.

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