Se distinguen diferentes clases o tipos de resistencia de los parásitos a los antiparasitarios: resistencia cruzada, resistencia múltiple, resistencia metabólica o fisiológica, y resistencia de comportamiento (comportamental).


Resistencia cruzada y lateral

Estructura molecular del fentión (abajo) y del fenitrotrión, dos organofosforados de fórmula muy similar con resistencia cruzada

Cuando una población de parásitos desarrolla resistencia a un antiparasitario, casi siempre ocurre que, al mismo tiempo, se vuelve más o menos resistente a otros compuestos parasiticidas. Este fenómeno se denomina resistencia cruzada. La resistencia a compuestos de la misma clase química suele denominarse resistencia lateral, (en inglés side resistance) y a compuestos de otra clase química resistencia cruzada (en inglés cross resistance).

Esto se puede deber a varias causas. Por un lado, la mayoría de los compuestos de una determinada clase química tienen de ordinario el mismo mecanismo de acción molecular sobre el parásito. Si éste logra neutralizar dicho mecanismo de acción contra uno de los compuestos, logrará en mayor o menor grado neutralizarlo contra todos los compuestos que actúan del mismo modo. Por otro lado, los parásitos poseen mecanismos moleculares que descomponen los compuestos químicos nocivos para su organismo, y estos mecanismos pueden actuar sobre numerosos tipos de compuestos diferentes.

La resistencia cruzada (o lateral) entre los compuestos de la misma clase química afecta a todas las clases químicas de antiparasitarios, externos e internos: organofosforados, carbamatos, piretroides, amidinas, endectocidas, benzimidazoles, levamisol, etc. Y se da en todo tipo de parásitos resistentes, tanto en moscas, piojos, garrapatas y ácaros, como en gusanos (helmintos) parásitos internos. No obstante, la resistencia de una cepa de parásitos a una clase química es frecuente ques sea mayor contra unos compuestos que contra otros, de modo que algunos puedan seguir usándose por algún tiempo con cierta eficacia, mientras que otros resulten totalmente ineficaces.

Pero también hay excepciones. Por ejemplo, en Australia hay cepas de Boophilus resistentes a la mayoría de los piretroides (cipermetrina, deltametrina, etc.) pero susceptibles a la flumetrina, y viceversa. Esto hace suponer que la flumetrina tiene un mecanismo de acción de algún modo diferente al de los demás piretroides. También hay casos en que garrapatas Boophilus que no se dejaban ya controlar por el organofosforado coumaphos, y que resultaron susceptibles a otro organofosforado, el clorfenvinfos. Se conocen también cepas de moscas domésticas resistentes a casi todos los organofosforados de contacto (dimetoato, diclorvos, etc.) que se dejan controlar excelentemente por un organofosforado oral (azamethiphos). Y también hay reportes de larvas de califóridos resistentes al diazinón pero susceptibles al coumaphos, ambos organofosforados.

La resistencia cruzada puede darse también entre compuestos de diferentes clases químicas. Casi siempre se debe a que dichas clases químicas tienen un mecanismo de acción relativamente similar, a pesar de que químicamente sean muy diferentes. Esta resistencia cruzada entre clases químicas se da típicamente entre organofosforados y carbamatos por un lado, y entre organoclorados, piretroides y fenilpirazoles por otro.


Resistencia múltiple

Se habla de resistencia múltiple, cuando una población de parásitos es simultáneamente resistente a parasiticidas con diferentes mecanismos de acción, p.ej. moscas o garrapatas resistentes a organoclorados, piretroides y organofosforados al mismo tiempo; o nematodos resistentes simultáneamente a benzimidazoles y al levamisol y a endectocidas, etc.

Entre los ectoparásitos, la resistencia múltiple se da sobre todo en garrapatas (Boophilus microplus y B. decoloratus), en moscas domésticas (Musca doméstica), en califóridos (Lucilia cuprina y L. sericata) y en el ácaro rojo de las gallinas (Dermanyssus gallinae).

De menos importancia para la ganadería, pero importante para perros y gatos esta resistencia múltiple también se da en pulgas y mosquitos (zancudos), típicamente contra organofosforados y piretroides.

Entre los gusanos parásitos internos del ganado se da resistencia múltiple en varios nematodos gastrointestinales (p.ej. en Haemonchus spp., Cooperia spp., Trichostrongylus spp.)

Las poblaciones multiresistentes lo son casi siempre por poseer diversos mecanismos de resistencia al mismo tiempo.

Aunque la investigación no ha aportado aún pruebas contundentes, todo hace pensar que una población fuertemente resistente a una clase química es capaz de desarrollar resistencia a otras clases químicas y volverse así multiresistente con más facilidad que una población no resistente.


Resistencia metabólica o fisiológica

Se habla de resistencia metabólica o fisiológica cuando la ineficacia del parasiticida se debe a su neutralización por un mecanismo bioquímo, metabólico o fisiológico (p.ej. descomposición por una enzima, excreción acelerada, insensibilidad del sitio diana, etc.: ver artículo sobre los mecanismos de resistencia); es decir, tiene lugar por cambios ocurridos en el interior del parásito.

La mayoría de los casos de resistencia de parásitos a los parasiticidas estudiados hasta la fecha son de este tipo.


Resistencia comportamental

En este caso, el fallo del parasiticida se debe a que el parásito, por mecanismos hasta ahora poco elucidados, evita el contacto por el parasiticida, es decir, cambia su comportamiento habitual.

Esto se ha obervado, p.ej. en moscas de los cuernos que, en vez de posarse sobre el lomo del ganado, donde se suele aplicar el mosquicida contra ellas, se posan en el vientre, donde más difícilmente llega el parasiticida administrado como pour-on u orejera.

También se sospecha que puede jugar un papel en cierta resistencia de las moscas domésticas a los cebos azucarados. Moscas, a las que por lo que sea no les atrae el azúcar, sobrevivirán mucho más fácilmente que aquellas a las que sí les atrae, pues ni siquiera entrarán en contacto con el cebo.

No se trata de que los parásitos «aprendan» a evitar el parasiticida, por que lo reconozcan como algo peligroso, como podría ocurrir a una persona o animal superior (p.ej. mamíferos), que tras una experiencia negativa aprende a evitar un peligro. El comportamiento del parásito también está dirigido por sus genes, como su metabolismo, y los que se comportan de modo que, sin «saberlo», no entran en contacto con el parasiticida, lo hacen por que están así «programados» por sus genes. Y son estos individuos los que sobrevivirán y se reproducirán, y por lo tanto los que acabarán predominando en la población.

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