Los antiparasitarios usados indebidamente pueden dañar al ganado

Las especies principales de ganado (bovino, ovino, caprino, porcino) así como perros, gatos y caballos son mamíferos, fisiológicamente muy próximos al hombre y, simplificando, puede decirse que si se les administra un medicamento, reaccionan de modo similar a los seres humanos.

A la hora de hablar de seguridad de los antiparasitarios para los animales domésticos hay que distinguir dos conceptos fundamentales: tolerancia, e intoxicación (o envenenamiento). Y al hablar de intoxicación, hay que distinguir entre intoxicación aguda e intoxicación crónica.

Frente a un animal que muestra reaccionesa adversas tras el tratamiento con un antiparasitario, al propietario de una mascota o caballo, o a un ganadero no le ayuda mucho saber si se trata de un problema de toleancia o de intoxicación. Pero conviene conocer las diferencias para evitar problemas futuros, o para estimar mejor su importancia y gravedad.

 


Tolerancia

La tolerancia se ocupa de cómo soporta un animal doméstico el tratamiento con un medicamento en su forma final comercial a la dosis recomendada. Cada medicamento conlleva siempre el riesgo de que, incluso usado correctamente, provoque reacciones adversas o tenga efectos secundarios indeseables, más o menos previsibles en algunos de los animales tratados.

Es algo comparable a lo que ocurre con muchos medicamentos humanos. La aspirina, a la dosis correcta, no es tóxica. Pero hay personas que no la toleran, y deben tomar otros analgésicos. En animales domésticos también ocurre esto con los antiparasitarios y otros medicamentos veterinarios. Típicas reacciones adversas son vómito, picor, diarrea, etc. La intolerancia no se da en todos los animales tratados, sino en un porcentaje relativamente bajo (típicamente hasta en un 10%) de los animales tratados. Y no todos los animales que no toleran un medicamento suelen mostrar las mismas reacciones adversas.

Las reacciones adversas tras uso correcto son de ordinario menos graves que los efectos de una intoxicación por sobredosis, y a menudo desaparecen unos días tras el tratamiento.

Al igual que en los seres humanos, animales jóvenes, enfermos, viejos o debilitados son más proclives a sufrir intoxicaciones agudas, pues sus organismos soportan dosis menos elevadas que los animales sanos adultos. Las hembras preñadas y sus embriones son también especialmente susceptibles a intoxicarse con antiparasitarios. Unas razas son más susceptibles a sufrir reacciones adversas, etc.

Es de ordinario obligatorio que, durante el desarrollo de un medicamentos, el fabricante lleva a cabo estudios de tolerancia con el producto terminado en cada especie diana (p.ej. perros, gatos, bovinos, ovinos, etc.) para estudiar los efectos secundarios y reacciones adversas que pueden surgir tras tratamiento a la dosis recomendada, y a dosis superiores (p.ej,. a 3, 5 o 10 veces la dosis recomendada). Así se tiene una idea de cual es la tolerancia del producto terminado. Ahora bien, estos estudios se hacen en unos pocos animales (p.ej. en 12) de condiciones similares (raza, edad, peso, sexo, etc.) y es imposible anticipar lo que puede ocurrir cuando se use el producto en millones de animales de numerosas razas y en todo tipo de situaciones fisiológicas. Muchas veces, sólo tras lanzar un producto y haberlo usado en millones de animales se descubre que tales razas, o en tales condiciones un producto no es bien tolerado. Por ello, hoy en día hay programas obligatorios de farmacovigilancia (p.ej. en la UE, los EE.UU.) precisamente para monitorear estas reacciones adversas y comunicarlas a los médicos veterinarios. En algunos casos es ineludible cambiar la recomendación de uso del medicamento para reducir las reacciones adversas. Y también hay casos en los que el fabricante ha tenido que retirar el producto del mercado por excesivos casos de intolerancia


Intoxicación o envenenamiento

Se habla de intoxicación o envenenamiento cuando un animal doméstico has sido expuesto a una dosis excesiva de un medicamento que provoca toda una serie de reacciones fisiológicas según los órganos afectados. Simplificando, puede decirse que, mientras que sólo unos pocos animales muestran síntomas variados de intolerancia a un medicamento a la dosis recomendada, todo animal que recibe una sobredosis mostrará síntomas similares de intoxicación más o menos intensos. La intoxicación por sobredosis surge fundamentalmente tras uso incorrecto o indebido, tras accidentes, por inadvertencias, etc.

La intoxicación y las reacciones fisiológicas que provoca son siempre función de la dosis. Una ligera sobredosis puede causar ligeros trastornos pasajeros, mientras que una sobredosis masiva puede causar esos u otros trastornos diferentes y resultar fatal. Y como la tolerancia, las posibles reacciones dependen de cada individuo: raza, estado de salud, edad, etc., así como de la sustancia activa incriminada. Por ello es difícil generalizar lo que puede ocurrir tras una intoxicación propiamente dicha.

La toxicidad se estudia durante el desarrollo de todo medicamento. Los estudios más amplios se llevan a cabo con la sustancia(s) activa(s) puras, es decir, no en los medicamentos terminados como se hace con la tolerancia. Se hacen estudios estandarizados de toxicidad aguda y crónica en animales de laboratorio, de ordinario ratas, ratones, conejos y perros. Se determina p.ej. el DL50 (dosis letal 50) que es la dosis única a la que mueren ≥50% de los animales tratados. Casi nunca se hacen estos estudios en animales diana (bovinos, ovinos, equinos, etc.), pues habría que contar con que mueran de intoxicación la mitad de los animales tratados para poder determinar tal LD50. Por ello no se sabe de ordinario las dosis letales (DL50, DL90, etc.) de muchas sustancias activas para bovinos, ovinos, equinos, porcinos, perros, gatos, etc.

Intoxicación aguda

La intoxicación aguda resulta de la exposición (ingestión, contacto o inhalación) única o múltiple a una dosis relativamente alta en un breve intervalo de tiempo (horas, días) que produce efectos dañinos más o menos visibles pero inmediatos, es decir, a las pocas horas o días.

Al igual que en los seres humanos, también los animales domésticos pueden sufrir intoxicaciones agudas por ingestión o inhalación excesiva de un parasiticida, o por contacto a través de la piel. La sobredosis puede ocurrir por error de aplicación (p.ej. equivocarse con el peso del animal, equivocarse de volumen al diluir concentrados, etc.), inadvertencia del operador (p.ej. confundir el parasiticida con otro producto más tóxico), descuido (p.ej. dejar envases de concentrados parasiticidas abiertos al alcance del ganado), accidente, etc.

Lo mismo que para los seres humanos, animales jóvenes, enfermos, debilitados, viejos, y hembras preñadas son más susceptibles de sufrir intoxicaciones que animales sanos y bien alimentados, sobre todo porque la dosis tóxica puede ser menor y su organismo menos resistente a cualquier estrés.

Son particularmente peligrosos los concentrados para baños de inmersión o aspersión, líquidos o en polvo, que deben diluirse antes del uso, y especialmente los organofosforados y los carbamatos, entre los cuales muchos productos pertenecen a las categorías de «sumamente peligrosos» o «muy peligrosos».

También pueden suponer un riesgo elevado para los animales domésticos algunos antiparasitarios internos (antihelmínticos), sobre todo los de vieja generación, con márgenes de seguridad bajos, es decir, la dosis tóxica está muy próxima a la dosis recomendada (p.ej. sólo el doble o el triple): un pequeño error en la preparación o en la estimación del peso del animal puede fácilmente resultar en una intoxicación aguda.

Los síntomas de intoxicación aguda en los animales domésticos son similares a los que pueden manifestarse en los seres humanos: mareos, vómitos, náuseas, pérdida del equilibrio, desvanecimiento, diarrea, cólicos, etc. Puede ser difícil reconocerlos o diagnosticarlos en ganado en campo que no se observan individualmente a diario. En mascotas y caballos, o en ganado lechero suele ser más fácil reconocerlos. No obstante, los síntomas observables dependen también de cada clase química de plaguicidas o medicamentos, y del estado de salud individual de cada animal.

Además del riesgo de intoxicación propiamente dicho (envenenamiento del organismo), algunos antiparasitarios presentan otros riesgos adicionales, porque pueden ser irritantes (para la piel, los ojos, las vías respiratorias) también para los animales, corrosivos, inflamables, etc., y pueden causar reacciones agudas, es decir pocas horas o días tras el tratamiento. Entre los productos potencialmente irritantes han de contarse algunos piretroides. Una irritación fuerte puede ocasionar comportamientos violentos en los animales que pueden causarles heridas, p.ej. por golpearse con objetos contundentes en los establos, y también abortos o partos prematuros en hembras preñadas.

Intoxicación crónica

La intoxicación crónica resulta de la ingestión, contacto o inhalación repetida de dosis relativamente bajas en un largo intervalo de tiempo (meses, años) que produce efectos dañinos más o menos visibles sólo a largo plazo.

En el caso del ganado o caballos esto puede ocurrir teóricamente sobre todo con productos de uso muy frecuente, como pueden ser los garrapaticidas o mosquicidas que se aplican a veces hasta semanalmente durante meses en la temporada de infestaciones altas. También puede ocurrir con dispositivos de liberación lenta (bolos intrarruminales, orejeras o caravanas, etc.) pues el animal está constantemente en contacto con el producto durante semanas e incluso meses, al igual que con aditivos para los piensos de aplicación casi ininterrumpida, si bien estos productos suelen ser de ordinario de baja toxicidad.

En mascotas puede darse p.ej. al usar regularmente pipetas demasiado grandes para el peso del animal durante años

Ahora bien, de ordinario, la dosis de dichos productos está calculada para que, usados correctamente, no tengan efectos tóxicos, y de ordinario los animales domésticos no sufren ningún daño mayor por ello. El riesgo puede surgir por error de aplicación crónico, es decir sistemático (p.ej. dosis excesiva por estimar el peso en más del real, tal vez por que la balanza ya no funciona bien...), porque el animal está debilitado por las razones que sea, etc.

Por otro lado, en el caso del ganado, hay que considerar, que la gran mayoría del ganado es de engorde y se cría para matadero: su vida media no suele superar los 3-4 años, un período a menudo insuficiente para desarrollar enfermedades que podrían derivarse de exposiciones crónicas prolongadas a antiparasitarios más o menos tóxicos.

Un caso diferente es el del ganado lechero, el de los animales reproductores, el de las mascotas o el de caballos. Estos animales tardan más en ser sacrificados o mueren de vejez y no se puede excluir la posibilidad de que una exposición excesiva y larga a parasiticidas pudieran causar algún trastorno de su salud. En ganado reproductor podría manifestarse en una reducción de la fertilidad, tanto en hembras como en machos, o en una menor producción de leche. En mascotas las intoxicaciones crónicas pueden, con la edad, dar lugar al fallo de ciertos órganos (p.ej. el hígado, los riñones), a trastornos nerviosos, etc., que pueden acortar su vida.

Algunos trastornos "psicosomáticos" como los que se sospecha que podrían surgir en el hombre debidos a una exposición crónica a parasiticidas («síndrome de fatiga crónica», «gripe del baño de ovinos», alergias, etc.) es poco probable que ocurran en los animales domésticos, rara vez llegarían a diagnosticarse y su impacto económico sería prácticamente despreciable.


Alergias

Las alergias son un caso especial, pues en principio no se deben a una toxicidad o intolerancia del medicamento en sí, sino a un disturbio inmunológico del animal tratado que hace que reaccione negativamente al tratamiento. No se pueden excluir las alergias a antiparasitarios, pero son relativamente raras e imprevisibles.

Pero hay varios casos particulares, notables y frecuentes, en los que pueden darse alergias tras tratamiento antiparasitario, pero no alergias al medicamento, sino a los parásitos matados por el medicamento, que quedan dentro del organismo del animal tratado y que liberan gran cantidad de alérgenos que pueden causar reacciones alérgicas graves.

El empleo de endectocidas en perros y también en gatos puede crear problemas graves si están infectados con Dirofilaria spp (gusano del corazón). En efecto, la muerte repentina de las microfilarias de Dirofilaria libera una enorme cantidad de alérgenos que pueden provocar una reacción de choque con los siguientes síntomas posibles unas 5 horas tras el tratamiento: mucosas pálidas, taquipnea (aumento de la frecuencia respiratoria), disnea (respiración dificultosa), vómito, pulso débil y acelerado, debilidad, fiebre y ataxia (descoordinación de los movimientos). El tratamiento consiste en combatir el estado de choque, incluido el tratamiento con corticosteroides y el aporte de líquido.

En equinos expuestos a la oncocercosis,  la reacción alérgica es uno de los efectos indeseados más frecuentes con picor y/o edema en la línea central. Se debe a la muerte repentina de microfilarias tras el tratamiento de la oncocercosis. Sin tratamiento, la hinchazón se resuelve a los 5-10 días y el picor tras unas 3 semanas.

En bovinos infectados con numerosas larvas migratorias de Hypoderma spp que se tratan con un endectocida (p.ej. ivermectina), la muerte repentina de todas esas larvas puede causar reacciones alérgicas fuertes y graves. Para evitarlo hay que tratar los animales, especialmente los terneros, inmediatamente al término de la temporada de las Hypodermas, pero no más tarde que 2 o 3 meses antes de la aparición de los nódulos en el lomo.


¿Son más tóxicos o arriesgados los tratamientos externos o los internos?

Por los comentarios que se leen en Internet (foros, blogs, etc.), se ve que algunos usuarios creen que un antiparasitario es más seguro para mascotas u otros animales domésticos si se le administra exteriormente (p.ej. pipetas, aerosoles, sprays, pour-ons, etc.) que si se lo tiene que tragar (tabletas, píldoras, etc.) o si hay que inyectárselo. Otros usuarios creen lo contrario. Todos se equivocan, pues del modo de administración no se puede deducir mayor o menor seguridad para los animales tratados, es decir mayor o menor riesgo de que se intoxiquen o toleren el tratamiento mejor o peor.

Hay que saber, que muchos de los antiparasitarios para uso externo deben penetrar al interior del organismo de la mascota o del ganado para actuar contra ciertos parásitos, es decir, se absorben a sangre a través de la piel o por lamido y a través de la sangre actúan sobre los parásitos (pulgas, garrapatas, gusanos, etc.): es el caso p.ej. de la selamectina (REVOLUTION, STRONGHOLD), la moxidectina (ADVOCATE, ADVANTAGE MULTI), la emodepsida (PROFENDER para gatos), la ivermectina (en muchos pour-ons). Otros antiparasitarios de uso externo no necesitan penetrar a sangre para actuar contra los parásitos, pero de hecho penetran más o menos a través de la piel o por lamido. Es el caso entre otros del fipronil (FRONTLINE), del imidacloprid (ADVANTAGE), de todos los piretroides (cipermetrina, permetrina, etc.), etc. Resumiendo: aunque el producto sea para uso externo, la(s) sustancias(s) activa(s) penetran siempre en mayor o menor medida al organismo del animal tratado.

Es evidente que los antiparasitarios de uso interno (oral o inyectable) penetran en el organismo del animal tratado pero no puede deducirse que por ello sean más o menos peligrosos o tóxicos: depende sobre todo de la sustancia activa y de la dosis recibida.

Sí se puede decir que los antiparasitarios que se administran a los animales domésticos por vía oral o por inyección conllevan una menor exposición a los antiparasitarios por parte de los seres humanos en contacto con ellos. Una pipeta administrada a un perro, o un pour-on administrado a un caballos impregnará el pelaje del animal con el antiparasitario, y quienquiera que entre en contacto con el pelaje (un niño jugando con el perro, un jinete que monta el caballo, etc.) entrará también en contacto con el antiparasitario y recibirá a su vez una dosis mayor o menor del mismo, que de ordinario será inocua, pero que puede también causar reacciones adversas en dicho ser humano. 


Margen de seguridad e índice terapéutico

Para todo medicamento veterinario se determinan de ordinario dos parámetros indicativos de la seguridad de su uso. El margen de seguridad y el índica terapéutico.

El margen de seguridad (también denominado índice de seguridad) es la relación entre la dosis única de un medicamento que no causa reacciones adversas en la especie diana (bovinos, ovinos, equinos, etc.), dividida por la dosis única recomendada. Si la dosis terapéutica recomendada es p.ej. 10 mg/kg y la dosis más alta que no causa reacciones adversas es 50 mg/kg, el margen de seguridad es 5 (50/10). A efectos prácticos, esto significa que si por error, inadvertencia o a propósito se administra el doble de la dosis recomendada el riesgo es nulo o mínimo de que haya reacciones adversas. Si el margen de seguridad fuera 2, administrar el doble de la dosis recomendada causaría muy probablemente reacciones adversas.

El margen de seguridad de la mayoría de los antiparasitarios actuales se sitúa entre 3 y >10, es decir, son bastante seguros. Pero siguen usándose aún algunos productos antiguos con margen de seguridad <3 (p.ej. organofosforados antihelmínticos).

Lamentablemente, el margen de seguridad se suele determinar para los antihelmínticos, pero no para los antiparasitarios externos (concentrados para baños, pour-ons, etc.).

El índice terapéutico es el cociente entre la dosis única que causa el efecto terapéutico deseado y la LD50 (dosis letal 50), es decir la dosis que causa la muerte del 50% de los animales tratados. Para los antiparasitarios veterinarios el índice terapéutico se determina sólo para las sustancias activas y sólo para los animales de laboratorio en los que se ha determinado el LD50. Por ello es de ordinario imposible determinar el índice terapéutico para la especie diana (bovinos, equinos, porcinos, etc.), o se hace usando el LD50 en ratas o ratones, lo que no es muy fiable.


Errores o situaciones frecuentes con riego elevado de intolerancia o intoxicación en animales domésticos

Hay numerosas situaciones que pueden llevar a una sobredosis seguida de intoxicación o envenenamiento de un animal doméstico. Se resumen seguidamente las más frecuentes.

Dilución incorrecta

Son particularmente peligrosos los errores en la preparación de concentrados para baños de inmersión o aspersión, líquidos o en polvo, que deben diluirse antes del uso, y especialmente los organofosforados y los carbamatos, entre los cuales muchos productos pertenecen a la las categorías «sumamente peligrosos» o «muy peligrosos». Estos productos se usan mucho en ganado y caballos, y aunque menos, también en perros y gatos. Un error en la dilución puede fácilmente resultar en una sobredosis con la consiguiente intoxicación.

Determinación incorrecta del peso

La dosis a la que deben administrarse muchos parasitarios depende del peso del animal a tratar. Un error por defecto en la determinación del peso puede resultar fácilmente en sobredosis tóxica sobre todo con medicamentos de vieja generación, con márgenes de seguridad bajos, es decir, la dosis tóxica está muy próxima a la dosis recomendada (p.ej. sólo el doble o el triple).

Dosificación incorrecta

Incluso si se ha determinado correctamente el peso, puede ser que la dosis administrada sea excesiva. Esto puede ocurrir por calibración errónea o mal funcionamiento o uso de los aplicadores (jeringas, pistolas pour-on, etc.). En caso del ganado, cuando se tratan muchos animales al mismo tiempo, puede ocurrir que alguno se trate más de una vez por error o inadvertencia. En mascotas, la dosificación incorrecta puede darse fácilmente cuando se usan pipetas o tabletas para animales grandes en animales más pequeños, sea para tratar al mismo tiempo varios animales menores, sea para trata un sólo animal menor y guardar el resto para los próximos tratamientos. Como además se trata de cantidades pequeñas, es fácil que la dosis que realmente reciba el animal sea menor o mayor que la prevista.

Usos indebidos de pipetas y tabletas para mascotas

Lamentablemente el uso indebido de antiparasitarios no es raro, en parte provocada por los altos precios de algunos productos, sobre todo para mascotas. Un uso indebido frecuente en mascotas ya se ha indicado previamente (usar pipetas o tabletas para perros grandes en perros pequeños). Una situación similar es el uso en gatos de pipetas o tabletas autorizadas sólo para perros (lo contrario es muy infrecuente). Es vital saber, que gatos y perros muestran diferencias fisiológicas notables. Es por ello por lo que los piretroides y el amitraz son tóxicos para los gatos, pero no para los perros. El uso indebido en gatos de pipetas para perros con amitraz y/o piretroides autorizados sólo para perros es una de las mayores causas de intoxicación de gatos, no rara vez fatales.

Uso incorrecto de lactonas macrocíclicas en perros

Hay razas de perros que no toleran bien la ivermectina, ni otros endectocidas como milbemicina oxima, moxidectina o selamectina (ni ciertos otros medicamentos no antiparasitarios) y, a dosis mayores de las recomendadas pueden presentar problemas de tolerancia más o menos graves. Por ello la dosificación debe hacerse lo más exactamente posible. Se trata sobre todo de los Collies y razas próximas, que tienen una mutación (en el gen MDR-1) que afecta a la barrera sangre-cerebro que hace que ciertos medicamentos de ordinario no entren en el cerebro de los mamíferos. En estas razas, la mutación hace que sí atraviesen la barrera sangre-cerebro, al menos en parte. Además de los Collies también otras razas han mostrado problemas similares: Bobtail, Border Collie, Collie Barbudo, McNab, Galgo Silken, Galgo Whippet, Pastor Australiano, Pastor Blanco Suizo, Pastor Inglés, Pastor Shetland, Wäller, si bien la mutación defectuosa no se ha confirmado aún en todas estas razas. Sólo los perros homocigóticos para la mutación presentan esta deficiencia. Ahora bien, el porcentaje de animales homocigóticos para la mutación MDR-1 varía según las razas y los países, y por ahora no hay un método de diagnóstico para determinarlo antes de un tratamiento.

Por lo tanto, lo único seguro es dosificar los más exactamente posible. Pues mientras que en perros sin esa mutación la dosis oral de ivermectina que no provoca reacciones adversas es de unos 2000 mcg/kg, en perros con esa mutación la dosis que no provoca reacciones adversas es sólo de unos 60 mcg/kg, es decir más de 30 veces menos.

Uso de productos deteriorados

Condiciones extremas de almacenamiento del producto antes y después de la venta puede afectar sustancialmente la estabilidad de producto, incluso antes de superada la fecha de caducidad. Mucho más si el producto está ya caducado, o si se abre el envase y se deja una parte sin usar en el envase original o en otro envase durante meses. Por regla general, son las temperaturas extremas las que tienen efectos más negativos. En países de climas tropicales y subtropicales es muy frecuente que productos antiparasitarios se vean sometidos a temperaturas bien superiores a los 30°C durante largos periodos de tiempo. Esto puede ocurrir tanto durante el transporte en camiones, trenes, contenedores, etc., como durante el almacenamiento en lugares “poco profesionales” totalmente expuestos al sol, mal ventilados y en absoluto refrigerados, tanto en la cadena de distribución como en las explotaciones ganaderas antes de ser consumidos.

Especialmente algunos organofosforados y carbamatos, de por sí ya bastante tóxicos, pueden volverse mucho más tóxicos por estar envasado en materiales inadecuados o por almacenamiento en condiciones indebidas. Un caso bien conocido es el del diazinón. En concentrados emulsificables de diazinón como los que se comercializan para baños del ganado, un almacenamiento incorrecto puede causar una descomposición del diazinón a pirofosfatos muchísimo más tóxicos que el diazinón mismo. Esta descomposición se da por la contaminación del concentrado con trazas de agua, agua que puede penetrar por una insuficiente impermeabilidad del material del envase a la humedad, por guardar envases abiertos pero no consumidos durante mucho tiempo en condiciones indebidas, por error, etc. La mencionada descomposición a pirofosfatos no ocurre si hay exceso de agua, p.ej. al diluir el concentrado incontaminado para un baño. Ahora bien, si en un envase mal almacenado se han formado ya tales pirofosfatos, la subsiguiente dilución del concentrado para un baño del ganado resultará en un baño altamente tóxico. En los años 60-70 del siglo pasado hubo miles de muertes de bovinos y ovinos debido a este fenómeno, hasta que se introdujeron las formulaciones con estabilizantes que absorben y neutralizan tales impurezas acuosas, ¡hasta cierto punto!

Conservar productos veterinarios en envases abiertos durante meses siempre conlleva un cierto riesgo de complicaciones, incluidas las reacciones adversas al utilizar esos productos. Esto es válido tanto para líquidos (pipetas, pour-ons, concentrados, conservados en envases abiertos, etc.) como para sólidos (tabletas, píldoras, etc. partidos y guardados fuera de los blisters originales). La razón es que una vez abiertos, están expuestos al contacto con más aire que en el envase original no abierto. Y el aire contiene entre otras cosas oxígeno y agua (humedad) que pueden afectar negativamente el medicamento y provocar su descomposición (oxidación, hidrólisis, etc.), al menos parcial. En la mayoría de los casos, no habrá complicaciones graves, tal vez el producto se haya vuelto ineficaz. Pero no puede excluirse que se haya vuelto más tóxico, o hayan aparecido productos de descomposición que causen reacciones adversas en los animales tratados.

Uso indebido de antiparasitarios ganaderos en mascotas

La tentación de hacerlo es especialmente grande en zonas rurales donde se usan abundantemente los antiparasitarios ganaderos. Si bien es cierto que algunas veces “funciona”, otras veces no, y el resultado es u perro o un gato intoxicado. Como tales productos no indican cómo hay que tratar a la mascota (dilución, volumen a aplicar, frecuencia de tratamientos, incompatibilidades, etc.) el riego de sobredosificación y por consiguiente intoxicación es real, sobre todo si se hace sin el asesoramiento de un médico veterinario capaz de determinar cómo y cuándo puede aplicarse un producto ganadero a una mascota.

Uso indebido de pesticidas agrícolas en animales domésticos

Esto es aún más arriesgado que el uso de antiparasitarios ganaderos en mascotas. Incluso si se trata de sustancias activas que se usan también en mascotas, como son p.ej. el fipronil y el imidacloprid, los dos compuestos más usados en pipetas antipulgas para perros y gatos. Además de lo dicho anteriormente para el uso indebido de antiparasitarios ganaderos en mascotas (dilución, volumen a aplicar, etc.), hay que saber que los disolventes de productos agrícolas son de ordinario muy diferentes de los disolventes de productos veterinarios: pueden ser irritantes, corrosivos, etc., y causar daños adicionales. En este caso ni siquiera un médico veterinario está en condiciones de dar una recomendación segura.

Uso de productos falsificados

Conviene mencionar el problema creciente de las falsificaciones de productos, sobre todo de los más vendidos, es decir, de las marcas más conocidas. Lamentablemente se da una y otra vez, especialmente en América Latina, si bien la UE no está exenta de este problema, de modo exactamente similar como ocurre con medicamentos humanos. Hay verdaderas mafias criminales detrás de este comercio de falsificaciones, aunque a veces se trata también de pequeños malhechores locales.

Muchas falsificaciones son inocuas, porque no contienen ningún medicamento veterinario. Pero otras pueden resultar tóxicas. Para evitar problemas, no compre productos de farmacias o veterinarias que no le sean de absoluta confianza, o de tiendas en línea en Internet de dudosa identidad y que prometen descuentos inverosímiles. NUNCA reaccione a ofertas en correos electrónicos no solicitados (del tipo VIAGRA...). Visite los sitios directamente, busque la dirección social del sitio, llame por teléfono, pida referencias, etc. Ante la menor duda, lo mejor y lo único seguro es abstenerse y consultar a su médico veterinario.

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